11 jul. 2008

El temita ese del sueño


Tengo la noche completamente desorganizada, y es un bajón. Por eso es que planteo el problema de no tener sueño por las noches.
En primer término, esto genera el quedarse hasta altas horas de la noche realizando cualquier tipo de actividades, por lo general completamente improductivas. Entonces, mientras realizamos estas denominadas actividades, tenemos la cabeza dividida: por un lado, está el hecho de saber que estamos haciendo lo que estamos haciendo porque no tenemos sueño, y por el otro, la culpa irrefrenable de saber que cada minuto que pasa es un minuto de sueño perdido que vamos a lamentar en grande al día siguiente.
Hasta que el hijo de puta se digna a venir, a aparecer, a presentarse ante nuestros párpados. Pero claro, para ese momento ya faltan apenas unas pocas horas para el momento de tener que despertarse y comenzar un nuevo día, con lo cual nos encontramos en una encrucijada: ¿tirarnos a dormir el poco tiempo que tenemos, o seguir de largo? Y en este punto, señores, debo ser firme: nunca vayan por la segunda opción. Si bien al principio puede parecer tentadora, dado que es la más fácil (no implica el esfuerzo de despertarnos y levantarnos con una gran cantidad de sueño acumulado), el cuerpo nos pasará factura al día siguiente. Y puedo asegurarles que es una factura horrible, de esas que calan en los huesos y nos llenan de obstáculos el día.
En consecuencia al estudio de campo realizado, entonces, extraigo las siguientes conclusiones: sería ideal poder acostarse a una hora que nos permita dormir, como mínimo, 6 horas hasta el día siguiente. Pero claro, todos sabemos que el ideal no existe; es por eso que digo que es válido quedarse boludeando a la espera de la llegada de Morfeo, pero cuando éste se presente, sepan aprovecharlo: duerman la mayor cantidad de horas que puedan, así éstas luzcan, en apariencia, escasas. Creo estar calificado para asegurar que siempre es mejor dormir algo a no dormir nada.

Saludos, me voy a torrar.

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