22 nov. 2012

En taxi

Últimamente, vengo subestimando a los taxistas. O, por lo menos, pifiando en las presunciones. Hace un par de días, cuando abordé uno, el conductor era un señor de unos 55 años, con chaleco anticuado, pelado, canoso. Nunca podría haberme imaginado a alguien menos moderno. Es por eso que grande fue mi sorpresa cuando conectó, primero, su mp3 al stereo del auto (no creí ni que supiera lo que era un mp3). Pero mi asombro se acrecentó cuando comenzó a sonar la música, que no fue tango, no fue folklore, no fue jazz, no fue blues, ni siquiera fue una progresiva vieja: fue reggaeton.
Otro episodio se dio con un chofer que ya me llevó varias veces (como en el laburo siempre llamamos a la misma empresa, ya conozco a casi todos los tacheros). Gordo, de unos 45 años mal llevados, con una risa fácil y molesta, estridente. Papada prominente, se reía con cualquier broma corta y simple que tirase el conductor del programa que tenía puesto en la radio. Un tipo que laburaba para ganarse el pan, haciendo lo poco que sabía, que podía, lo que le alcanzaba. Un medio pelo, sin mucho conocimiento ni cultura. Otra vez, mis prejuicios iban a condenarme cuando nos pasamos el último viaje que compartimos conversando de teatro, intercambiando autores interesantes, haciendo memoria con ciertas cuestiones geográficas. La tenía mucho más clara que yo.
Como yapa, les dejo el tema que recuerdo de mi jornada con el taxista del primer relato, lo último de lo último (ni yo la tenía).

1 nov. 2012

Envidia

Creo que todos los que tuvimos mascotas, en algún momento repleto de finales, papeles, resúmenes y libros que no llegamos a terminar por todos lados, esas semanas -o findes, en mi caso, porque nunca me banqué una semana entera en ese estado- condenadas al estudio, miramos a nuestro animal doméstico -llámese perro o gato- durmiendo, tan tranquilo, impertérrito, y envidiamos tremendamente su suerte.

10 oct. 2012

Cambio

Hace rato que me vengo dando cuenta de que perdí por completo la referencia de qué comprar en un kiosco para conseguir cambio. En su momento era una Rhodesia o un alfajor Jorgito, pero ya nada vale menos de $1. Hoy me compré un chocolate que salía $2,75 y pagué con dos billetes de $2, lo cual me posibilitó las monedas necesarias para ir al laburo, pero también me hizo llegar a la conclusión de que tengo que actualizar mis valores golosinísticos, porque no puede ser que tenga que gastar $4 para obtener monedas.

19 sep. 2012

Salud

Cuando era chico tenía el proyecto/propuesta de instaurar una palabra para cuando se tose, como se dice salud cuando alguien estornuda. Viéndolo hoy, no sé si sería muy práctico, porque me da la sensación de que una tos no tiene un final tan claro como un estornudo, con lo cual por ahí se tiraría la palabra antes de que el afectado haya terminado efectivamente de toser.

23 ago. 2012

Garrapiñada

Por algunos trámites, hoy tuve que estar media hora parado enfrente de un puesto de garrapiñada. Desde que comencé a mirarlo, nunca dejó de cocinar nuevas garrapiñadas y empaquetarlas; habrá dejado listos 10 paquetitos. Ya tenía una base considerable -30 bolsitas, mínimo-, y seguía haciendo y haciendo.
En la media hora que permanecí en el lugar, vendió sólo un paquete de maníes con cáscara -ninguno de garrapiñadas- a $2. Quedé con dos dudas: cómo hace para vivir con tan pocas ventas, y para qué hacía tantas garrapiñadas. ¿Qué haría con el sobrante? ¿A alguien le interesa comer garrapiñada fría pudiendo elegir una recién hecha?

El autor sabe que abusó de la palabra garrapiñada en la entrada precedente, pero no encontró ningún sinónimo como para reemplazarla.

5 jun. 2012

Qué bien que se mantiene

Anoche soñé que estaba pelotudeando en internet con mi viejo cerca, de repente llegaba a la página de wikipedia de Gastón Pauls (no sé cómo) y veía que había nacido en 1950. Cuando caía en la cuenta de que tenía 60 años no lo podía creer (obviamente, el aspecto físico en el sueño era el mismo que el real), lo llamaba a mi viejo y teníamos un diálogo más o menos así:
-Papá, mirá esto, Gastón Pauls tiene 60 años!
-No puede ser.
-Te lo juro, mirá, nació en el mismo año que vos!
-Pero tiene un pacto con el diablo el hijo de puta, qué bien que se mantiene!