5 oct. 2009

Aguante

Ser el único que banca a un jugador y tener que escuchar cómo le pegan de todos lados es una sensación fea, angustiante. Dan ganas de salir a defenderlo, de salir a decir "¿¡Pero no viste el pase horrible que le tiró!?", y genera impotencia no poder hacerlo.

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